martes, 25 de marzo de 2014

Denuncian que infecciones en sala causaron la muerte de siete bebés en Clínica San Pablo


Noticias en Línea. “Shock séptico” o “sepsis” son los términos que se repiten en los certificados de defunción de Juan Diego, Carlos Thiago, Julio César, Natalia, Samuel, Joshua y Brisa, lossiete bebés que fallecieron en la Clínica San Pablo, sede Surco, luego de contraer diferentes tipos de infecciones en su Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

El hermetismo de la clínica sobre estos casos ha sido tal  que recientemente logró bloquear las conclusiones de una investigación epidemiológica del sector Salud, que no pudo abordar los hechos como un todo, al no poder acceder a los nombres de los bebés afectados ni a sus historias clínicas.

Hoy INFOS revela los casos que al Ministerio de Salud le negaron acceso, razón por la cual no ha podido determinar, hasta hoy, un brote fatal de infecciones intrahospitalarias en San Pablo. Este y un posterior informe con detalles inéditos de lo acontecido en UCI Neonatología por esos meses se empiezan a publicar hoy en La República, y sorprenderán al lector por las irregulares prácticas de la sede principal de la red de clínicas más importante del país.

El único en contarse
A fines del año pasado, solo uno de estos casos tuvo amplia difusión en medios. Sin embargo, el impacto que logró la historia se debió a causas diferentes a la razón final de la muerte. Se trata del caso de la pequeña de dos meses que sufrió graves quemaduras mientras era sometida a una intervención quirúrgica en San Pablo.
Elizabeth Sotelo, su madre, cuenta su historia a todo aquel que quiera escucharla. Lleva a todos lados, en su bolso, un sobre con impactantes fotografías del estado en el que quedó su hija. Las imágenes, por su crudeza, no serán publicadas por este medio: muestran cómo lasquemaduras de tercer grado de la niña dejaron al descubierto su columna vertebral.

La señora Sotelo dio a luz a mellizos de 33 semanas, en la clínica, el 23 de agosto del año pasado, y luego de ser derivada del Hospital Guillermo Almenara. Antes de lo ocurrido con su hija, ya había muerto también su mellizo varón.

Pese a que ambos niños sufrieron diferentes males en las unidades de cuidados intensivos e intermedios de San Pablo (el varón adquirió neumonía y la niña las quemaduras), lo que causó directamente ambas muertes fue un shock séptico: la infección generalizada de su organismo producto de una bacteria que, por su avance, deterioró el normal funcionamiento de sus órganos.


Los niños habían adquirido, en diferentes momentos,  pseudomona aeroginosa.


La guardia del tercer piso
Para acceder al área de Neonatología de la clínica hay que subir hasta el tercer piso de su edificio. Allí, una puerta blindada divide el espacio entre la sala de espera de los padres, y el área que mantiene en diferentes ambientes a los recién nacidos.
La sala de espera fue el lugar donde Elizabeth Sotelo conoció, en diferentes momentos, a Jennifer Martínez, Constantina González, Gabriela Lagos, Esperanza Villanueva y Kimberly Saavedra, todas madres con bebés en UCI, quienes al igual que ella fueron trasladadas de hospitales estatales. Conoció también a Susana Vargas y a Jenny Valdivia, pacientes particulares.

“Recibíamos tan poca información de los doctores, que habíamos organizado una especie de guardia. Habíamos intercambiado teléfonos y, al menor movimiento extraño de enfermeras o rumor sobre la salud de los bebés, nos comunicábamos”, cuenta Sotelo.

No sabían, para entonces, que solo tres afortunadas saldrían de allí con sus hijos en brazos.

Las ocho primeras madres llegaron a San Pablo desde hospitales públicos, principalmente de Essalud, a través de la derivación que estos nosocomios hacen de pacientes que no pueden atender por su capacidad limitada, o por la complejidad del caso. Ingresaron a San Pablo con cartas de garantía que aseguraban el posterior desembolso por los servicios prestados a los pacientes asegurados.
Las dos últimas, Vargas y Valdivia, terminaron en la sede Surco de la clínica luego de haber dado a luz en Jesús del Norte, la sede que el Complejo Hospitalario San Pablo tiene en Independencia.


Todas coinciden en algo: pensaron que ser trasladadas a una clínica de tanto prestigio era un privilegio.


La investigación
El caso de los mellizos Tello Sotelo es el único del grupo que ha conseguido, por el impacto que causó su historia, el accionar de diferentes áreas del Ministerio de Salud. Quizá por ello el resto de afectadas sigue tan de cerca el proceso, buscando verse reivindicadas, de alguna manera, si las investigaciones terminan en algún tipo de sanción para la clínica. De sus casos, INFOS se encargará en el reportaje de mañana.

La decisión de investigar a Clínica San Pablo fue tomada al más alto nivel. Una semana después de que el caso fue dado a conocer, el despacho del viceministro de Salud convocó a una reunión a los representantes de la Dirección de Salud II, la Dirección General de Epidemiología (DGE) y la Superintendencia Nacional de Salud (Sunasa). Cada uno debe emitir un informe sobre lo sucedido. Pero al menos la investigación epidemiológica ya está lista.
La pseudomona aeroginosa es una bacteria resistente a gran cantidad de antibióticos, y que infecta el tracto pulmonar, urinario, tejidos y heridas. Es la bacteria que acabó con los mellizos Tello Sotelo, según el informe. La doctora Gladys Ramírez Prada, jefa de la Oficina de Epidemiología del Minsa, la encontró además varias veces registrada en el archivo 2013 del área de microbiología de la clínica.

El mayor número de cultivos positivos para esta bacteria se encontraron en el servicio de UCI Neonatología, el que albergó a los mellizos Sotelo, así como a los otros niños que fallecieron y a los que lograron salvar sus vidas.

La investigación identificó que entre enero y octubre del año pasado nueve pacientes alojaron la bacteria. Solo entre setiembre y octubre, el periodo en el que la mayoría de bebés de esta historia ocuparon UCI, fueron identificados cinco casos.

Los niños de San Pablo pudieron adquirir pseudoma aeroginosa, como cualquiera de los otros cinco agentes microbianos que Ramírez  encontró en UCI, el área con pacientes más sensibles. El resto de las madres no sabe con qué tipo de infecciones se enfermaron o murieron sus hijos. Nunca se los informaron ni les dieron detalles. Salvo a dos. A Susana Vargas le confirmaron la infección de su bebé con la misma bacteria; y a Jennifer Martínez le dijeron, escuetamente, que lo más probable es que ella misma haya contagiado a sus bebés.

¿Brote o no brote?
Pese al número de casos encontrados por la Dirección General de Epidemiología, esta no pudo determinar fehacientemente un brote de infecciones en San Pablo, una conclusión que pondría en serios aprietos a la clínica. Pero la DGE no pudo llegar a esa conclusión no por falta de evidencia, sino por falta de disposición de la clínica a brindar información.
Luego de identificar los casos en laboratorio, los especialistas solicitaron la lista de pacientes por mes que pasaron por UCI pediátrica y neonatología. La información les fue entregada incompleta, con data solo hasta julio del 2013: exactamente antes de los casos que hoy presenta INFOS, y a los que el Minsa no tuvo acceso.

“No se pudo concluir que Clínica San Pablo presentó un brote de infecciones intrahospitalarias debido a la falta de datos que no se pudieron analizar: la información proporcionada no permite el análisis epidemiológico ni definir la población hospitalizada durante el periodo de investigación”, dice el informe como primera conclusión.

Pero, además de los casos que aquí se cuentan, ¿reunió San Pablo otras condiciones para albergar un brote de infecciones intrahospitalarias? Sí. Al momento de la investigación, la clínica no contaba con personal responsable de epidemiología. Tampoco realizaba vigilanciaepidemiológica mensual, como lo obliga el Minsa, y ni siquiera contaba con un plan para la prevención y control de infecciones. Todas conclusiones del informe de la DGE.

La espera
Durante tres semanas, INFOS buscó una entrevista con Amador Vargas, director de Clínica San Pablo, pero quien finalmente la aceptó fue el doctor Carlos Calle, subgerente. Calle no acepta las conclusiones de la investigación a San Pablo, y las tilda de “falsas”. La entrevista es aquí reproducida.


Mientras tanto, la rutina de Elizabeth Sotelo no ha variado desde la muerte de sus bebés: busca justicia recorriendo a diario las oficinas de fiscalías, la policía, abogados, Sunasa, Minsa y Defensoría del Asegurado.


Hace unas semanas decidió ir al origen de esta historia, el Hospital Guillermo Almenara, de donde fue trasladada a San Pablo. Exigió allí ser atendida por su gerente, Carmen Miyasato. Una hora después una asesora de gerencia salió a decirle que no sería atendida, y la invitó a retirarse con una particular reflexión. “¿Usted cree en Dios?, le dijo. “Entonces tiene que aprender a perdonar”.


NEL/La República


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