El
nivel de participación
electoral decidirá el
nombre del próximo
presidente de Estados Unidos, que
surgirá este martes de una de las elecciones más competidas de la historia.
Barack
Obama llega a la meta en una fase de crecimiento
en las encuestas y con ventaja en los estados en los que se juega el resultado
final, pero esta es tan escasa y tan condicionada por otras variables que unos
pocos miles de votos pueden marcar la diferencia en los distritos
fundamentales.
El objetivo de ambas campañas en este
momento es, por tanto, llevar a su gente a las urnas. Cualquier circunstancia,
la situación familiar, el estado de la meteorología o, por supuesto, las
previsibles dificultades en algunos centros de votación, pueden contar en una
jornada que se anticipa dramática.
Obama está por delante en seis de los siete
estados decisivos, pero por menos de cinco puntos, dos o uno en algunos casos,
en encuestas que miden los probables votantes.
Con que unos pocos de esos probables votantes encuentren obstáculos que les
impidan convertirse en votantes efectivos, puede ser suficiente para que el
resultado previsible varíe en el último momento.

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